Por qué dije adiós a las toallas y me cambié a la copa menstrual.

Por Fran.-

Cuando supe de la existencia de las copas menstruales creí que era una gran novedad, un gran avance de la ciencia para el bienestar y la salud de nosotras las mujeres. Pero la sorpresa duró hasta que investigando supe que eran un invento de principios del siglo XX, cuando en la década del ’30 la estadounidense Leona Chalmers’s crea y patenta la primera copa menstrual comercial. Pero de esas copas fabricadas de caucho vulcanizado ya es historia, de hecho las pueden visitar en el Museo de la Menstruación y salud femenina en EE.UU. Sí, existe.

Hoy en día estas copas se fabrican de silicona médica o quirúrgica, un material que evita la acumulación de bacterias, razón por la cual la puedes llevar sin problema por 12 horas y reutilizar sin miedo ni asco, ya que sólo necesita ser esterilizada en agua hirviendo (100°C) al comenzar su uso y antes de guardarla hasta el siguiente periodo. Entre medio, basta lavarla con agua de la llave. Técnicamente, su función es: adherirse a las paredes del útero y recopilar la sangre o flujo menstrual acumulado. Su capacidad es de 30 ml. y su vida útil es de 10 años aproximadamente, según el cuidado que le des. Además, las puedes encontrar en diferentes colores y tallas.

El porqué decidí usarla se remonta a mis ideales ambientalistas que siempre busco saciar. Aunque, debo reconocer que al principio no estaba tan conforme, porque su uso requiere de adaptación. Como nunca había ocupado tampones -por miedo a que se quedaran allí y nunca más volvieran a salir-, no sabía lo que era introducirse el aparatito y dejarlo bien instalado. Por eso, sólo desde el segundo mes, y después de leer un tutorial en internet, logré tener éxito. Ya no había filtraciones ni incomodidad y por primera vez en mi vida sentí que no había regla! Especialmente porque vas al baño y todo indica que es un día más del mes. Sobre el miedo a que se quedara por siempre al interior de mi útero, fue el riesgo que decidí correr, lo que funcionó muy bien para apartar esa especie de oscurantismo que inundaba mi cabeza.

Pero claro, no todo es color de rosa ya que el gran problema es que no puedes llegar y cambiarte en cualquier lugar. Debes tener siempre a mano agua y que todo sea muy higiénico -olvídate de un baño público-. Aparte de eso, no he tenido ninguna otra dificultad.

Por todo lo anterior creo que tomar la decisión de decirle adiós a las toallas y darle la bienvenida a la copita ha sido una de las opciones más responsables que he tomado para reducir mi cuota de carbono y por el cuidado de mi propio cuerpo. Si nuestras mamás y abuelas no la usaron seguro fue por razones económicas y culturales bien justificadas para su época: desconocimiento, inexistencia en el mercado interno y el prejuicio o estigma por la manipulación de nuestros propios genitales. Pero hoy en día, con toda la información que tenemos a mano, creo que es necesario dejar de lado el simple acto de desechar, desechar y desechar, y asumir la necesidad de cambio con estos pequeños, pero grandes actos que marcan la diferencia entre un estilo de vida tradicional y contaminante, por uno más amable con el medio ambiente

Por supuesto no espero que después de esto nos unamos todos a las causas de Greenpeace, pero sí estaremos evitando que una de las tantas toallas y tampones que usamos al mes terminen en el interior de una tortuga marina o nadando a nuestro lado en una playa, río o lago, y lo que es peor, en la acequia aquella de la cual sale el agua para regar los tomates y lechugas que compramos en la feria.

Por último, cabe destacar el importante ahorro que le estaremos haciendo a nuestro bolsillos, lo que para el caso de algunas mujeres significa poder hacer sus vidas en normalidad. Por ejemplo en Kenia, donde la discriminación de género es abrumante, muchas niñas no pueden asistir al colegio mientras están con la regla, pues no tienen los recursos suficientes para comprar toallas y el mancharse significa la discriminación entre sus compañeros, pues allá como en muchos otros países del mundo -basta recordar el caso de Instagram cuando censuró la fotografía de una mujer acostada en su cama mostrando la manchas de sangre de su menstruación-, la regla sigue siendo sinónimo de suciedad e impureza, algo que no puede ser mostrado, que es inmoral.

Como solución a esta discriminación, la organización pro derecho de las mujeres Femme International está entregando entre las niñas kenianas de los sectores más pobres un “Kit de Mujeres”, compuesto por una copa y útiles de aseo para que puedan mejorar su higiene personal y asistir al colegio con normalidad. A la larga, a tener una mejor calidad de vida, dignificando sus derechos de género.

Sé que cada vez somos más las mujeres que tomamos esta opción y espero que sigamos en aumento, porque así estaremos aportando nuestro granito de arena a crear una sociedad más sustentable.

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2 thoughts on “Por qué dije adiós a las toallas y me cambié a la copa menstrual.

  1. Uso mi copa desde hace 4 años, y para esas veces que nos toque vaciarla en un baño público solo basta con andar con una botella con agua a mano… se puede!

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