Reflexiones de fin de año: los libros que leí el 2015.

Por Fran.-

Primero que todo, tengo que advertirles que esto no es una crítica literaria. Por lo tanto mi intención no es recomendarles ninguno de los libros que voy a señalar, ni mucho menos haré un análisis  de su contenido. Y aunque quisiera hacerlo, probablemente no tendría mucho éxito por los motivos que les voy a relatar a continuación.

Nunca he sido una asidua lectora. Quizás eso se contradice con mi formación de historiadora, pues quienes nos dedicamos a este oficio somos personas que solemos leer muchos kilos de papel, ya sea impreso, digital o microfilmado. El punto es que todo lo que suelo leer es con un fin productivo: trabajos, tesis, investigaciones. Por lo tanto, sí, leo mucho, pero nunca por motivación propia con el propósito de cultivar el espíritu. De todas formas –atendiendo aquí una vez más a la contradicción-, creo que cada uno de esos libros, artículos, ensayos, memorias, documentos y mapas que he  llegado a leer en mi corta carrera profesional, igual me han servido para cultivar el ser aunque sea un poquito.

Sin ir más lejos, les puedo señalar que, por ejemplo, en el colegio sólo leí un libro por mi propia cuenta. Mala Onda se llamaba, de Alberto Fuguet, y sin duda fue lo más entretenido y atrevido que leí en esos años de adolescencia. El resto de mis lecturas correspondieron a las clásicas obras del currículum escolar de este país, algunas de la cuales me gustaron bastante y aún recuerdo, mientras que otras sólo significaron una nota más.

Mientras tanto en la universidad, las cosas que leí por mi cuenta no eran más que para complementar las lecturas obligatorias. Por eso cuando comencé a leer literatura para el ocio, sentí que había perdido harto tiempo de mi vida en tratar de cultivar sólo la cabeza, y no así el espíritu, el ser, el corazón, el buen genio, o como quieran llamarle.

Hablo de esto sin vergüenza, pues creo que representa la realidad de la gran mayoría en nuestro país. Según encuestas sobre lo que leen los chilenos, se ha revelado que sólo una pequeña parte de la población (7%) lee por gusto, mientras que el resto lo hace por obligación, ya sea para el estudio o el trabajo.

Hoy, a punto de finalizar el año, puedo decir que una de las cosas que más me enorgullece haber realizado durante el 2015, fue el descubrir el gusto por leer sólo por leer. De esa forma llegué a libros que siempre tuve en mente, pero cómo no tenían un objetivo concreto, nunca los tomé, mientras que otros fueron toda una revelación, pues probablemente nunca hubiera llegado a ellos sino fuera gracias al ocio.

De todas formas, les confieso que este nuevo interés por la lectura no se debe del todo a una epifanía personal o a una reflexión intelectual de mucho peso. La razón por la que comencé a leer por ocio fue porque un día alguien me dijo que yo leía sólo cosas fomes. Perdón ¡¿Qué?!

“Lo que yo leo es de lo más interesante, fíjate”, le respondí. Pero sí, en el fondo de mi corazón sabía que esa persona estaba en lo cierto, que debía leer cosas más entretenidas, relajadas, que me permitieran hacer una pausa.

De la lectura académica y aburrida, pasé a una lectura más versátil, aunque tengo dudas si algún día me atreva a leer Cincuenta Sombras de Grey sólo por leer.

En fin, fue así cómo llegué a estos libros, y estas son algunas de mis reacciones:

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1.- Fahrenheit 451 (Ray Bradbury): Siendo una persona a la que no le gusta mucho la ficción –de allí quizás mi afán en el pasado por leer sólo escritos reales-, fue difícil comenzar este libro. Sin embargo al poco avanzar me fui impregnando del relato que terminó por volarme la cabeza. Así de simple.

2.- Invierno Mediterráneo (Rober D. Kaplan): Un libro sobre viajes e historia, una combinación perfecta para una persona a la que le apasionan ambas cosas. Fue una lectura que disfruté y despertó en mí una curiosidad sin igual por el Mediterráneo, en invierno.

3.- Rayuela (Julio Cortázar): Fue una explosión a mis neuronas desde la primera línea. Lo leí de las dos formas que el autor sugiere: por capítulos de corrido y alternados según el orden que Cortázar le da. De todas formas la segunda opción es la mejor. Ahí te das cuenta de la diferencia entre leer un texto plano y uno con tantos contrastes. Aunque algunas veces llegué a putear al autor por cómo presentaba el escrito, sin duda es una tremenda obra.

4.- Sin novedad en el frente (Erich Maria Remarque): Es el típico libro que te citan en clases de historia en el colegio y también en la universidad. Leyéndolo me di cuenta de la importancia de leer otras cosas. Cuando uno estudia las guerras mundiales, muchas veces sólo nos detenemos en los números y el cambio de fronteras en el mapa, olvidando que allí también hubo personas. Es una lectura sobrecogedora, una de las cosas que más me ha conmovido.

5.- Raíces (Alex Haley): Disfruté bastante este libro, aunque me mantuvo en vilo gran parte del tiempo. No podía creer que no se volviera a saber más del personaje principal, con el cual ya me había encariñado. Eso me rompió el esquema y el alma también. Pero así es la ficción y la realidad también.

Bonus Track

 6.- El mito del eterno retorno (Mircea Eliade): Mis intenciones por darle tiempo a libros de literatura de gusto personal, fueron traicionadas por mi curiosidad pseudo-intelectual. Se trata de un libro que siempre estuvo presente en mis años de universidad –principalmente por la formación que entregaba la escuela donde estudié- pero nunca lo leí, porque nunca me lo dieron como lectura obligatoria. De todas formas me llamaba la atención así que un día lo compré. Sin embargo tuvieron que pasar años antes de abrirlo y leerlo por completo, hasta que ese día llegó durante este año. Fue una lectura agradable que sumó más puntos a mi amor por la historia.

En definitiva, el 2015 fue un año bastante leído, que además de hacerme ver el encanto de la lectura para el ocio, también me formó un cierto hábito por andar con algún libro en la mochila que no tenga nada que ver con el trabajo o los estudios. Igualmente se convirtió en una adicción, pues ahora no puedo dejar de pensar en cuál será el próximo libro que leeré, aunque aún no haya termino el que aún sigo leyendo.

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