Mi pelo corto.

Por Fran.-

La verdad es que nunca he puesto mucha atención al cabello. Cuando lo tenía largo, por lo general eran mis amigas que me mandaban a la peluquería, argumentando que necesitaba una mantención. No es que no me preocupara por llevarlo limpio y cepillado, pero digamos que no tenía mucha gracia. De todas maneras esta no es la razón por la cual decidí cortarlo.

La razón principal viene de una transformación personal. Por mucho tiempo compartí el prejuicio de que el pelo corto sólo le quedaba bien a las mujeres bonitas, de cara bien finita y delgadas, y como yo no me consideraba dentro de ese grupo, por supuesto que jamás se me pasó por la cabeza la posibilidad de tener el pelo corto; pero corto, corto. Y así viví por 25 años, con una melena larga hasta casi llegar a la cintura.

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Pelito largo

Pero a partir de mis 25 tuve un no sé qué. Una manera diferente de ver la vida, el día a día. Posiblemente producto de la madurez cultivada con los años. Como sea, comencé a sospechar que tenía una pésima autoestima, a lo que se sumaban las típicas ideas preconcebidas que rondan en la sociedad, y que te dicen qué es bello y digno de ser mostrado: una cierta talla (horas de gimnasio), un cierto porte (centímetros de tacón), un cierto tono de piel (horas bajo el sol), una manicure perfecta (horas en el salón de estética), una sonrisa y una mirada maravillosa (siempre maquillaje antes de salir) y que no se te vaya a ver ni un pelo de más (meses de depilación láser).

¿Se dan cuenta de todo lo que nombré en relación a los ideales de la belleza femenina?

En todo ese proceso de reflexión y transformación mental, me di cuenta que no es necesario tener una cara perfecta para lucir un corte de pelo corto, porque esa cara no existe, y que lo que dice la gente en verdad son puras leseras. Si lo quieres, lo tienes. No hay que esperar a ser flaca, ni tener una operación para respingar tu nariz y moldear tus facciones según el prototipo de moda.

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Pelito corto

Lo que tuvo que pasar después, fue la urgente necesidad de perder el miedo a la condena social de cortarse el pelo como hombre y a verte en el espejo más fea que nunca. ¿Cómo se supera ese miedo? Pues tirándose a la piscina. Dejé de darle vueltas al asunto sobre cómo me vería con pelo corto y me fui donde mi peluquero favorito en Los Andes: el Josué. ¿Resultado? A la salida, caminando por las calles de mi ciudad, me sentía como en una pasarela. Sí, me sentía rica, que todos me miraban porque yo era la diva del pelo corto.

 

Después de volver a la realidad, comencé a notar los beneficios de este cambio. Muy práctico, rápido de secar, te ahorra plata, en el verano te da menos calor y nunca, pero nunca es un problema quedarte dormida y salir chascona. Imagínense lo práctico que puede llegar a ser.

Claro, todo esto hasta que comienza a crecer. Ahí vienen los problemas, porque no sabes si volver a la peluquería o dejarlo largo nuevamente. Uno comienza a comprar muchos pinches para tomarse el pelo que cae en los ojos, te demoras un poco más en el baño decidiendo para qué lado irá la chasca. Y si eres de las de cabello ni liso ni ondulado, ni hablar.

Por eso decidí cortármelo varias veces más y este es mi tercer año con pelito corto. Pero ahora estoy con todas las ganas de dejármelo crecer, simplemente porque ya experimenté el cambio y no fue tan terrible como pensaba. Me gusta, pero también me gusta el pelo largo y las trenzas.

Sin duda fue una buena experiencia para quebrar con los prejuicios, los miedo, las inseguridades y la mala autoestima. Además aprendí bastante de las demás personas. Por ejemplo, ver tu pasado reflejado en ellas cuando dicen “es que a ti te queda bien porque eres flaca”, o, “te ves más vieja”, o, “te ves mejor con el pelo largo”, para no decirte directamente que te ves mal. También aprendí que hay cierto corte aceptable, ese que no te deja la nuca completamente rapada, un estilo más bob, porque en el caso del pixie o garzón, la resistencia es un poco mayor. Así algunas personas me alabaron el primer corte, no tan osado, mientras que cuando fui más radical, su expresión me dejó mucho que desear. Lo bueno de todo eso fue que realmente no me importó, como nunca antes en mi vida.

De todas formas debo admitir que uno de los factores fundamentales en mi decisión fue ver a famosas, de los diferentes estilos y estereotipos, con look de pelo corto. Creo que eso fue lo que me terminó por convencer. Y aquí quiero señalar lo importante que son finalmente los modelos que vemos en la televisión, sobre todo si son tus ídolos. Por eso si seguimos aceptando tanta publicidad barata que sólo atiende a crear necesidades, jamás seremos libres de las complejidades, siempre habrá algo que nos hará sentir menos por no tenerlo, desde un celular, hasta el cabello perfecto.

En fin. Sólo les puedo decir que si están buscando un cambio radical, no se queden en el corte de puntas que es lo más fome de la vida. Atrévanse a ser radicales con su imagen, es completamente liberador. Y si ya lo tienen visto, pero aún no se deciden, les puedo recomendar un par de lugares en Los Andes y Santiago donde los estilistas son unos secos y verán lo regias que quedarán.

Y…. un poco de humor 🙂

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