Dificultades de la crianza compartida – Capítulo 2: Las mamás desconfiadas

Cuando partí buscando temas para escribir, obvio que lo primero que surgió fue contar sobre la experiencia de convertirme en mamá. En mi caso, tengo la fortuna de tener un compañero con el cual compartir esta caótica aventura bajo la mirada de criar en conjunto. Y algo ya había comentado anteriormente, son las dificultades que hemos encontrado en el camino de la crianza compartida.

Pero, de todas las cosas que sabotean la responsabilidad compartida, creo que la peor proviene desde las mismas mamás. Las mamás desconfiadas. Si hay algo que dificulta todos los intentos de buscar la igualdad entre hombres y mujeres respecto a la crianza, son aquellas mujeres que no confían en quien tienen como pareja -o en cualquier representante del género masculino- como personas responsables para cuidar a un bebé.

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Frases penosas como: “¿Tu guagua está enferma y el papá se tomó la licencia para cuidarlo? ¡Pero cómo no te da susto dejarlo con él y tú vas a trabajar como si nada!”. “Yo nica le doy mis días de postnatal a mi marido, ¿y dejarlo cuidando a un bebé de 5 meses? Olvídalo”. “Pucha, es que lo que pasa es que los hombres son muy descuidados, para nosotras es innato criar y todo nos sale natural, pero a ellos no”. Lo patético es que estas frases no las inventé para el post, son reales y en alguna oportunidad me la dijo alguna mamá. Palabras desalentadoras para quienes creemos que, a la hora de criar un hijo, todos estamos igual de desorientados. Porque en la práctica nadie se las sabe todas y el aprendizaje es continuo tanto para mamás como papás.

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Quizás qué pensarían muchas mujeres si supieran que la primera vez que mi hijo se enfermó, yo tenía la despedida de soltera de una amiga en otra ciudad y, tras ir los tres a la clínica, los dejé y me fui a carretear con mis amigas. Y me fui tranquila, porque sólo era un virus, pero por sobre todo porque sabía que mi hijo estaba bajo el mejor cuidado: su papá.

Es obvio que somos bastante distintos a la hora de criar, pero la razón es tan simple como que somos distintos. Y allí está la gracia del complemento, de entregar distintas miradas. Por lo mismo, aquí mi repudio absoluto a todos quienes perpetúan la idea que sólo las mujeres deben hacerse responsables de criar un hijo y los hombres no pueden conocer de pañales y mamaderas. Y de cosas más complejas, como tratar una pataleta o descifrar un llanto.

Este prejuicio viene desde ambos géneros y causan un daño enorme, porque le dan la razón a esas mentalidades retrógradas que piensan “el hombre provee y la mujer cría y cuida la casa”.  Pero en este post quiero agradecer a los hombres que día a día refutan estos cánones estúpidos, demostrando su amor y compromiso con sus hijos: mi pareja, mi hermano con mi sobrino Rafa y muchos amigos a los que veo siendo unos papás todo terreno. Gracias, porque entonces sus hijos crecerán sin estos prejuicios.

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El amor y las ganas de criar no tienen género.

Porque, en definitiva, lo que necesita un niño para crecer feliz no es otra cosa que amor. Y esto es transversal a hombres y mujeres. Ya sea experimentando la paternidad juntos, por separado, e incluso si son dos mamás o dos papás.

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