Dificultades de la crianza compartida – Capítulo 3: El posnatal parental

En 2006 se introdujo en Chile la nueva ley de Posnatal Parental, que extendió el “descanso” de quienes son madres de 3 a 6 meses. Además, como su nombre lo dice, esta reforma pretende entregar beneficios no sólo a las mujeres, sino que equiparar -parcialmente- la responsabilidad a ambos padres, permitiendo que la mamá le ceda al padre hasta seis semanas en el último mes de licencia.

Esta es una excelente iniciativa. Promueve el apego, la extensión del período de lactancia y que los padres estén (algo) más presentes en los primeros meses de vida de sus hijos. Si bien hay países donde el posnatal dura xx meses y los padres están obligados a tomarse al menos un mes con sus hijos, nuestro posnatal también es muy positivo.

    Cuando nació nuestro hijo, mi pareja pudo usar el primer beneficio de la nueva ley parental: la extensión a cinco días tras el nacimiento. No me cabe en la cabeza que, los hombres que trabajan, antiguamente, sólo poseían un día de permiso para ausentarse en sus trabajos cuando ocurría un evento crucial en sus vidas. Incluso cinco días se nos hicieron nada, si se entiende que tres días estás en la clínica/hospital. Apenas estás llegando a la casa a comenzar la adaptación de esta nueva vida en tu vida y los días feriados terminan. Todavía recuerdo la cara de tristeza de mi pareja cuando tuvo que despedirse de su hijo de una semana para separarse de él por más de 10 horas de golpe.      

    Su angustia fue disipándose con la ilusión de tener a final de mi posnatal un mes para poder compartir con su hijo, tal como la ley se lo permite. Lo que no sabíamos es que para conseguir este permiso de posnatal parental tendríamos que superar barreras de total ignorancia en el tema.

Nosotros leímos la ley y teníamos claro los pasos a seguir: carta a ambos empleadores, carta la Inspección del Trabajo y copias timbradas a ambas isapres por el tema de las cotizaciones. Pero en cada uno de los lugares donde tuvimos que hacer un trámite no hubo una sola persona que supiera qué hacer con los documentos. Recibían los papeles con tanta desconfianza como el prejuicio a que el padre se quedara con su hijo siendo éste tan chico.

En ambas pegas, era la primera vez que les tocaba un caso de este tipo. En la Inspección del trabajo, la secretaría que recibió los papeles no sabía qué tenía qué hacer con ellos, si darnos una copia o enviarlos ella a los empleadores. Las isapres fueron cuento aparte. Guardaron el documento y en la isapre de mi pareja -por insistencia nuestra- la jefa de la oficina terminó por decirnos “mira, voy a timbrar la copia que te llevas con la fecha de hoy, como respaldo”. Esto último fue al final nuestro salvavidas, porque nuestro mes en familia hubiera tenido un final trágico de no ser por nuestra insistencia.

El día que se comenzaba su posnatal, con mi pareja tuvimos la idea de ir a consultar a la isapre “por si acaso”. La sorpresa fue la siguiente: nadie tenía idea de nada, en el sistema no figuraba ninguna licencia para él y en su empresa no había llegado aviso alguno. Parecía que simplemente, había faltado sin aviso a la pega. Menos mal teníamos el papel timbrado con el trámite realizado en la misma isapre con dos meses de anticipación. Casi le dio ataque a la supervisora que vio el documento y en dos minutos, se ingresó la licencia. En una hora habían informado al empleador y nos llamaron para darnos las disculpas.

En esta historia no hay culpables. Personalmente, creo que el posnatal parental debe seguir siendo una idea en el papel y que en la práctica son pocos los padres que acuerdan el traspaso de días y, por ende, todos los involucrados en el trámite legal aún no se manejan al respecto, irónicamente, a ocho años de que la nueva ley entró en vigencia.  

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